Venezuela ha entrado en una nueva fase de normalización cambiaria y financiera tras el levantamiento de sanciones al Banco Central de Venezuela (BCV) y a varios bancos estatales por parte de Estados Unidos, una decisión que ha permitido reactivar de forma mucho más fluida las operaciones en dólares dentro y hacia el país. En 2026, la economía venezolana se mueve bajo un esquema en el que el dólar vuelve a ser un canal central de transacciones comerciales, internacionales y bancarias, luego de años en los que su uso estuvo restringido, fragmentado y sometido a controles muy estrictos. Este cambio no solo altera la dinámica del mercado cambiario, sino que también tiene efectos profundos sobre la entrada de divisas, la financiación empresarial y la estabilidad de la moneda local.

El fin de la “isla aislada” del BCV
Durante casi una década, el BCV estuvo prácticamente desconectado del sistema financiero internacional debido a prohibiciones que bloqueaban la ejecución de transferencias, el uso de cuentas corresponsales y la operación de sus cuentas bancarias en dólares. Esta restricción dejó al ente emisor sin capacidad para actuar de forma directa en el mercado cambiario, limitando seriamente su margen de maniobra en la gestión de la oferta de divisas y obligando al sistema a operar con reglas complejas de subastas, cupos y múltiples canales, con el riesgo constante de una brecha cambiaria elevada.
El levantamiento de estas sanciones, contenido en la denominada licencia general número 57 del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, elimina la mayor parte de esas barreras. Ahora el BCV puede recibir ingresos provenientes de la venta de petróleo, activos estatales y otras transacciones en moneda extranjera, y trasladar esos dólares directamente a bancos privados y del Estado, así como a operaciones de intervención en el mercado. En la práctica, la autoridad monetaria puede volver a actuar como un verdadero intermediario entre el flujo de divisas y la economía doméstica, con mayor capacidad para estabilizar la tasa de cambio y reducir la volatilidad.
Reactivación de las operaciones en dólares
Con la flexibilización de las sanciones, la operatividad en dólares se ha reactivado en varios niveles clave. Los bancos estatales como el Banco de Venezuela, el Banco Digital de los Trabajadores y el Banco del Tesoro pueden ahora realizar transferencias internacionales, abrir y mantener cuentas en dólares, manejar remesas, y otorgar servicios de pago y cobro en moneda extranjera, funciones que estaban muy restringidas o bloqueadas desde 2019. Esto se traduce en que empresas, exportadores, importadores y individuos pueden acceder a divisas con mayor rapidez y menor riesgo de rechazo de operaciones por parte de bancos corresponsales.
En el plano cambiario, la reactivación permite que el BCV pueda inyectar dólares de forma más directa a través de subastas, canales de compra de divisas electrónica y operaciones de mercado abierto, lo que aumenta la oferta de dólares y reduce la presión ascendente sobre la tasa de cambio. En paralelo, la banca comercial amplía la cantidad de clientes que pueden adquirir dólares, tanto para uso personal como empresarial, consolidando el rol del dólar como medio de pago, ahorro y cobertura de riesgos frente a la inflación.
Tabla: principales cambios en el esquema de operaciones en dólares en 2026
| Aspecto de la operación | Situación pre‑levantamiento de sanciones | Situación post‑levantamiento en 2026 |
|---|---|---|
| Transferencias del BCV hacia el sistema bancario | Prácticamente bloqueadas, sin cuentas corresponsales claras | Posibles y reguladas, con flujos de divisas desde el ente emisor |
| Operaciones de bancos estatales en USD | Muy restringidas; bancos sin acceso a sistema financiero global | Restablecidas: pagos, cobros, remesas y cuentas en dólares |
| Acceso de personas naturales a dólares | Limitado a canales estatales, con cupos y requisitos complejos | Ampliado a través de apps bancarias, con compra diaria de dólares |
| Brecha cambiaria (tasa oficial vs. mercado paralelo) | Elevada, con fuerte volatilidad | En tendencia a reducirse, aunque persiste sensibilidad a shocks |
| Uso del dólar en comercio y ahorro | Extendido, pero bajo incertidumbre jurídica | Más consolidado, con marco legal y bancario más claro |
Esta tabla muestra cómo el cambio es estructural: ya no se trata solo de modificar una tasa de cambio, sino de reconectar a Venezuela con el sistema financiero global.
Efectos sobre la estabilidad cambiaria y la inflación
La reactivación de las operaciones en dólares tiene impactos directos sobre la estabilidad cambiaria, uno de los focos de tensión de la economía venezolana durante años. Al haber más oferta de divisas y mayores mecanismos para que el BCV interfiera en el mercado, se reduce la presión para que el tipo de cambio se dispare de forma brusca, sobre todo en épocas de alta demanda de importación o de pago de deudas externas. Economistas consultados señalan que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo podría disminuir, aunque el proceso dependerá de la consistencia de la política de intervención y de la disciplina fiscal.
Por otro lado, el uso más amplio del dólar como medio de pago y de ahorro tiende a reducir la presión inflacionaria sobre el bolívar, porque una parte de la demanda de dinero se traslada a una moneda de referente internacionalmente más estable. En la práctica, el público y los agentes económicos pueden protegerse mejor de la pérdida de valor de la moneda local, lo que frena parcialmente la espiral de precios en bolívares, siempre que el acceso a dólares no se vuelva tan restringido que vuelva a generar escasez de divisas.
No obstante, los analistas advierten que el dólar también puede acentuar la dualidad de la economía: por un lado, sectores integrados al sistema bancario forman y acostumbrados a la divisa, y por otro, estratos de menor ingreso más dependientes del bolívar y vulnerables a la inflación cuando el tipo de cambio se ajusta. La clave será diseñar políticas de inclusión financiera que permitan a más personas acceder a servicios en dólares sin dejar atrás a quienes operan casi exclusivamente en la moneda local.
Impulso al comercio y al financiamiento empresarial
Para el sector empresarial, el fin de las sanciones al BCV y la reactivación de las operaciones en dólares representan una mejora significativa en el entorno de negocios. Importadores de bienes esenciales, insumos industriales y equipos tecnológicos pueden ahora negociar créditos, abrir cartas de crédito y realizar pagos al exterior con mayor fluidez, reduciendo tanto el tiempo de espera como el riesgo de que las operaciones sean bloqueadas o rechazadas por bancos extranjeros.
Además, la disponibilidad de dólares también facilita la reestructuración de deudas denominadas en moneda extranjera, así como la refinanciación de obligaciones comerciales. La capacidad del BCV para intervenir en el mercado cambiario y, eventualmente, la posibilidad de que el país logre gestionar de forma más autónoma sus ingresos petroleros, aumentan la confianza de inversores y proveedores internacionales, que ven menos riesgos de no poder cobrar en dólares o de tener sus cuentas congeladas.
En el plano interno, la banca aprovecha esta ventana para ampliar servicios de financiamiento en dólares, especialmente para proyectos de mediano y largo plazo en sectores como energía, infraestructura, transporte y telecomunicaciones. Si bien el riesgo cambiario sigue presente, la mayor previsibilidad del flujo de divisas y la mayor estabilidad cambiaria reducen, en teoría, la prima de riesgo que se incorpora a las tasas de interés.
Riesgos y desafíos de la normalización
A pesar de los efectos positivos, la reactivación de las operaciones en dólares no elimina los desequilibrios estructurales de la economía venezolana. El país sigue dependiendo en gran medida de la renta petrolera, lo que hace que la disponibilidad de dólares esté fuertemente ligada a la volatilidad de los precios de crudo y a la estabilidad de las relaciones internacionales. Un retroceso en la política de flexibilización de sanciones, la reactivación de tensiones geopolíticas o una caída brusca de los precios de las materias primas podrían comprometer rápidamente el flujo de divisas y la capacidad del BCV para mantener la estabilidad cambiaria.
Otro foco de riesgo es la institucionalidad y la transparencia del sistema financiero. La historia reciente de Venezuela muestra que la banca estatal ha sido utilizada en ocasiones para fines políticos, con asignación de recursos poco transparente y falta de supervisión efectiva. Si las nuevas condiciones de operación en dólares no van acompañadas de mecanismos de control, auditoría externa y rendición de cuentas, el país corre el riesgo de concentrar de nuevo el manejo de las divisas en un círculo reducido de actores, lo que puede generar corrupción, distorsiones cambiarias y exclusión de muchos agentes económicos legítimos.
Un escenario de re‑conexión gradual
En conjunto, el levantamiento de sanciones al BCV y la reactivación de operaciones en dólares conforman un escenario de re‑conexión gradual de Venezuela con el sistema financiero internacional. La economía venezolana entra en 2026 con un marco cambiario más flexible, con un BCV capaz de actuar de forma más directa en el mercado y con bancos estatales y privados que pueden manejar transacciones internacionales con mayor normalidad.
Este proceso ofrece una oportunidad para consolidar la dolarización parcial de la economía, fortalecer el sector financiero, facilitar el comercio exterior y reducir la presión inflacionaria sobre el bolívar. Sin embargo, su éxito dependerá de combinar la mejora técnica con reformas institucionales, transparencia fiscal y mayor apertura hacia el sector privado. Si el país logra navegar estos riesgos, la reactivación de las operaciones en dólares podría convertirse en un pilar clave de una fase de estabilización más duradera, aunque todavía vulnerable a fluctuaciones externas.

Alice Ann es una periodista enfocada en noticias internacionales y tendencias digitales. Su trabajo se centra en ofrecer información precisa, clara y verificada para una audiencia global.